Quinta de los Molinos. Palacete Cort

Desde el siglo XVII el condado de Torre Arias fue comprando terrenos en lo que ahora es el barrio de San Blas en Madrid, pero que entonces eran las afueras de la ciudad.

Uno de los dos molinos

En algún momento de los años 20 del siglo pasado el sexto conde de Torre Arias regaló al arquitecto César Cort Botí, a cambio del diseño del palacete de su  finca de Torre Arias, unos terrenos cercanos, terrenos que él mismo fue ampliando.

Cort Botí fue uno de los precursores del urbanismo en España, era hijo de un ingeniero y tanto él como su hermano fueron estudiando y trasladándose desde su Alcoy natal, a Alicante y finalmente a Madrid, obteniendo sucesivamente las titulaciones de perito industrial y aparejador, ingeniero industrial y finalmente arquitecto a la edad de 23 años.

En Madrid fue catedrático de materiales de construcción y el primer catedrático de urbanismo, así como miembro de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando y concejal monárquico durante la II República.

Se considera creador del urbanismo organicista, una corriente del urbanismo que compara el crecimiento de las ciudades con las de un organismo vivo, y que por eso debían de estar perfectamente integradas ciudad y naturaleza, para no asfixiar a sus habitantes.

Quizá de sus teorías urbanistas y la nostalgia de su Alcoy natal surgió este parque mediterráneo en medio de la meseta castellana.

En él Cort Botí conjugó una finca de explotación agraria con un jardín decorativo con flores y praderas de césped. El parque está repleto de multitud de caminos de tierra, además de un camino pavimentado bordeado por grandes árboles desde la entrada principal, en la calle Alcalá, hasta el palacete.

Caminos del parque

Junto al palacete, jardines, varios estanques y albercas y una “moderna” pista de tenis con gradas, el deporte de moda en las élites de la época, además de un invernadero y un edificio de servicio, conocido como Casa del Reloj.

El nombre de este parque le viene de dos molinos de estilo americano que instaló Cort Botí y que extraen agua constantemente de los pozos para surtir las albercas y el lago artificial y desde ahí el resto del parque.

A la muerte de Cort Botí el jardín quedó abandonado hasta finales de los años 70, cuando los herederos consiguieron cambiar el uso del parque a zona residencial a cambio de ceder al ayuntamiento 25 de sus 28 hectáreas.

Actualmente es un parque muy bonito, sobre todo cuando florecen sus campos de almendros y no está nada masificado. Además se está rehabilitando el palacete para su uso como escuela de música respetando bastante el edificio original.

 

 

 

 

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