Palacio de Anglada – Palacio de Larios

Siguiendo con los palacios desaparecidos del Paseo de la Castellana, hubo otro palacio que, al estilo del Palacio de Xifre, también encontró su inspiración en el palacio de la Alhambra de Granada: el palacio de Juan de Anglada.

La fortuna familiar de Juan de Anglada procede de su padre Jacinto Anglada, empresario Barcelonés que se tralada a Almería y se dedica a la compra de bienes desamortizados y la fiebre minera de los años cuarenta del s.XIX, lo que le permitió tener relevancia social y política llegando a ser senador por el Partido Liberal Progresista. Sus hijos, Juan y Jacinto, continúan la saga empresarial y política con diversos negocios y la participación de Juan de Anglada en varios partidos políticos, como diputado y colaborador del republicano Emilio Castelar, siendo ambos los únicos diputados liberales y progresistas en el parlamento tras la restauración borbónica.

Pero a pesar de su fortuna no es hasta que su mujer Maria Josefa Fernández de Casariego obtiene su parte de la herencia de su padre el primer Marqués de Casariego (que a su vez había comprado a precio de saldo enormes propiedades del Duque de Osuna), cuando decide comprar un solar en la ribera del pequeño arroyo de la fuente Castellana y que había pasado en pocos años de ser las afueras de la ciudad a ser parte del ensanche diseñado por el arquitecto Carlos María de Castro. Este solar fue comprado inicialmente por el marques de Salamanca y, tras varios impagos y cambios de manos, acabó en manos del banco Hipotecario, que fue quien lo vendió a Juan de Anglada.

El palacio es obra de Emilio Rodríguez Ayuso, autor también del palacete del Marqués de los Salados, entre otras muchas obras. Construido en la década de los 1870 alrededor de un patio central rectangular inspirado en el patio de los leones y la sala de embajadores de la Alhambra, era de un estilo ecléctico y en su fachada de ladrillo rojizo tenía elementos neo-clásicos y otros de inspiración egipcia. El palacio ocupaba el centro de la parcela y además existían otros dos grupos edificios de servicios (cuadras, portería, cocheras, granero…) también de ladrillo visto con una construcción más sencilla. Los interiores estaban lujosamente decorados con mármoles, escayolas y frescos pintados por diferentes artistas y en el exterior se construyó un gran jardín inglés. Todas las crónicas de la época coinciden en señalar la gran calidad de los materiales y la decoración del palacio.

Parece ser que la herencia de su mujer, en lugar de impulsar a Juan de Anglada en sus negocios, hizo que se dedicara a vivir de las rentas y de su patrimonio, que debió consumir con rapidez, y ya en el año 1890 se conoce que pone el palacio en venta sin haber sido terminado de decorar y habitar.

Para 1895, cuando muere Juan de Anglada, el palacio ya es propiedad del Marqués de Oliva, previo paso por el banco Hipotecario. Es durante este año cuando se realizan varias exposiciones artísticas en el palacio, evento que fue aprovechado por el público para visitar el famoso palacio.

El Marqués de Oliva muere pocos años después y sus herederos venden el edificio al Marqués de Genal, Enrique Crooke y Larios, que le dará su último nombre: palacio de Larios. Durante la primera mitad del siglo XX el palacio seguirá deteriorándose y acaba siendo demolido en 1966 fruto de la especulación urbanística y el desprecio por el estilo ecléctico. La mayoría de sus materiales nobles se perdieron o fueron vendidos a pie de obra.

En su solar se levanta actualmente el hotel Villa Magna, el edificio de los antiguos almacenes Sears, que pasó luego a ser Galerías Preciados y actualmente El Corte Inglés, y el edificio de Torre Serrano que fue anteriormente sede del Banco Hispano Americano.

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